No hay llegada al consciente sin dolor- Carl Gustav Jung
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miércoles, enero 11

Indiferencia.



La vida me resulta sumamente extraña, principalmente desde esta perspectiva, jamás había visto las cosas con tal claridad y a la vez de manera tan borrosa, como si una cortina de niebla cubriese mis ojos, o más bien como cuando me levantaba tras una borrachera. La cabeza adolorida, la vista opaca y las cosas parecían de pronto tan lejanas y molestas.

Hace pensar que quizás la vida es una constante borrachera. Aún recuerdo el momento en que sucedió todo, el momento en el cual pude abrir los ojos y lastimarlos con la luz del sol por primera vez. Fue una mañana como cualquier otra en la cual me levantaba para ir al trabajo, preparé una taza de café negro, lo más cargado posible, guardé mi computadora en la mochila, encendí el auto y me puse en marcha. El paisaje rutinario lucía aun más aburrido aquella mañana, como si los niños jugando en la calle o las señoras regando el pasto sintieran pereza alguna en mostrar alguna emoción.



viernes, mayo 7

Bodhisattva.

Por: Aisllan de Paula (Mac).

Vacía tu mente…

Una mujer en silla de ruedas maldice mi nombre mientras bloquea mi paso, no puedo avanzar, sus ojos son como dos enormes hoyos negros que parecen atraerme y repelerme a la vez. Doy un paso, pero ella grita con desgarradora voz, un chillido en la oscuridad parcial, alumbrada por cuadros de luz opaca atravesados por dedos largos y delgados.

-¿Quién eres?- Pregunto temeroso.

Y sin embargo, solo recibo otro grito como respuesta.

Vacía tu mente…

De pronto estoy solo, en un pasillo iluminado por luces artificiales, un sonido tan incómodo como el de un grillo parece no cesar, el aire es denso, una vez más no puedo avanzar, la mujer se derrite ante mis ojos convirtiéndose en figuras antiguas y olvidadas.

-¿Qué eres?- Pregunto confundido.

Solo el eco de mi voz parece responder.

Vacía tu mente…
No puedo…

Imágenes bombardean mi mente, haciendo el cráneo parecer un hormiguero poblado, paisajes, personas, voces, olores e incluso sensaciones atiborran. Mi cuerpo tiembla en un espasmo, mientras mi cabeza se dobla hacía atrás, enfocando al techo rojizo.

-¿A dónde me dirijo?- Pregunto perdido.

El silencio jamás responde.

Vacía tu mente…
No quiero…

El frío sube por mi espina causando contracciones que hacen mi cabeza girar descontrolada, me es difícil respirar y sin embargo. ¿Realmente necesito hacerlo? Pues el aire es tan denso que arden mis pulmones acompañado de una fragancia de rosas que me provoca nauseas.

-¿Qué me ocurre?- Pregunto ansioso.

La sonrisa es la única respuesta.

Tras estar atado entre cables e imágenes falsas la silla parece derretirse y de pronto la euforia brota en mi pecho como flor de loto, un espejo, dos hoyos negros, un vacío.

Vacía tu mente…
¿Cuál mente?

El suelo se desvanece bajo mis pies, al igual que el techo y las paredes, el aroma aun arde mis pulmones, dejo de respirar, mi corazón cesa, las hormigas son aniquiladas por el fuego creciente de mi pecho, al fin despego. Atravieso los cuadros proyectados por la luz sumergiéndome entre estrellas y el vacío, llegando al centro de todo.

-¿Qué deseas?- Me pregunto.

Y esa respuesta solo el espejo me podrá dar.

Vacía tu mente…
No hay existencia.
Solo el Bodhisattva

El aire se vuelve fresco y mis pulmones parecen encoger, una vez más los cables y la silla me sostienen, la proyección de luz me rodea y solo quiero vomitar dichosamente.

martes, abril 6

Tristitia Purgare II



Desaparece, vibra, mece

En el torbellino húmedo


Cabalga…


Escarbando ojos


Gira la aurora

Gira la aurora

Grita el silencio


Pecho al alma, puño desgarrador


Grita el silencio

Gira la aurora


Tomado en ira

Tomado en ira


Desgarrador pecho

Pecho desgarrado


Alma rota…

Al suelo


¡Pisa! ¡Pisa!

Deshazla, vomítate lupino


Teme, ve…

Pide, ruega, estremece…

Ciego vuelve a ser


Pecho agónico…

Aurora distante

El tronco deshecho…

Escarba la tierra…


El sol tu regalo

Escarba tu pecho…

Destello plantado…

Grita, gira, respira…

Por hoy...


Tristitia Purgare.



El cuerpo yacía exhausto en el suelo, empapado en sudor, vibraba al compás monótono de un galope distante.

Inhala, exhala…

Inhala, exhala…

Respirando fuego el cuerpo arde y la mente olvida.

Inhala, exhala…

Inhala, exhala…

Y los dedos crujen, los brazos son ramas.

Inhala, exhala…

Pulmones estallan, el tornado mece las hojas.

Rompiendo el tronco, tronco hacía la tierra, tierra en el seno.

Todo vibra, todo tiembla, todo mece.

Galope incesante, fuego es devorado.

Deshaciendo el tronco, viento violento.

Puño al pecho, pecho al alma.

Alma al suelo.

Lágrimas…


¡Flores brotan y los muertos descansan!


Por hoy...

jueves, marzo 11

Abismo. Por Mac

Por: Aisllan de Paula (Mac)

Ahí estaba ella, ante la luna llena, al borde del abismo, deseando saltar pero aun así temiendo que podría encontrar en el fondo. El ser humano tiende a aferrarse tanto a la vida en momentos de desesperación que termina sufriendo más de lo debido. Pero ese no era su caso, ella estaba ahí porque así lo quiso y estaba ante el abismo porque era necesario cruzarlo. Quizás tras viajar al fin de todo podría encontrarlo a él, a aquél que la hechizó con el sortilegio más poderoso de todos. Esa magia dada por Lucifer a los hombres, que los convierte en simples marionetas a merced de sus instintos.

Saltaría buscando respuestas a preguntas internas. A sabiendas de que nadie más podría ayudarla a no ser ella misma, pero no le importaba. Ahí estaba, ante el fin del mundo, ante el fin de su ser, temía pero lo lograría. Saltaría, buscando las respuestas inexistentes, al menos en el macrocosmos que la envolvía con sus diez mil tentáculos brillantes. Pero era hora de escapar de estos, había llegado el tiempo de la libertad. Tras una noche de fiebre incesante, ella supo al fin lo que debía hacer, pero el temor es parte de la naturaleza humana y no hay nada más difícil para un animal pensante que superar aquello que es irracional, así como el maleficio del mismo Lucifer hacía los hombres.

Así, tras pensarlo una, dos, tres, cien mil veces, mientras su cuerpo sudaba mares de terror y agonía, decidió saltar. Sus rodillas se doblaron mientras el aire pareció cargarla durante algunos instantes, hacía la luna, hacía las estrellas, pero entonces, el bromista la suelta, dejándola caer, sintiendo como sus pies eran arrastrados hacía la oscura inmensidad infinita. Y así, ella cayó, cayó sin rumbo, rodeándose de tinieblas, la clase de oscuridad que es tan densa que parece tener forma, como una bestia que traga a toda la luz a su paso, llevándose el calor, el color y la vida de todo ser que cae en sus fauces.

Era el fin y ella lo sabía, no habría un mañana, así como jamás hubo un ayer, ni un hoy, solo existe el momento, y el momento era rodeado de la nada. Mientras caía, sentía a su cuerpo desintegrarse en miles y miles de pedazos, como si fuera hecha de vidrio luminoso. El dolor fue inmenso, pues la bestia no perdona, devora lo que esta a su paso, lo que brille. Todo hombre y toda mujer reluce, posee luz propia por ello ninguno está a salvo del terrible fin que aguarda al final de nuestras vidas. Sintió como pedazo por pedazo desaparecía siendo una con el animal hecho de sombras que absorbía toda la luz sin perdón. Era su final, lo sabía, todo había culminado en un solo momento donde descubrió lo que en verdad era. Arrojándose al abismo supo al fin cual era el fin, vio lo que no debía verse y lo que no puede ser visto, temió aquello que creyó ser irreal, para entonces entender que el cuerpo engaña a la mente y esta crea lo que el cuerpo dice.

Tras una serie de jadeos desesperado, aquella mujer empapada en sudor y envuelta en mantos de oscuridad, dio su último suspiro, descubriendo que era la existencia, que había en el fondo del abismo y quien era aquella bestia que aguardaba en el final de todo. El final sin final, el fondo sin fondo, la bestia que devora la luz, la existencia inexistente, descubrió que todo era la mente y la mente moría, al igual que ella en aquellos instantes. Vio que no era ella, era todo y que el todo se encontraba en el fondo de aquél abismo, pero al saltar, la joven no encontró nada…